-Buenos días mamá- dijo entrando en la cocina.
-Buenos días, ¿qué haces levantada a estas horas? Es muy temprano.
-No era capaz de dormir y no me apetecía estar en cama.
-¿Estás bien hija?
-Sí mamá, estoy bien- dijo con una sonrisa fingida- ¿Y papá?
-Ya se fue, tenía que faenar en el barco antes de salir.
-¿Me puedo quedar yo con Nahuel hoy?
-¿No tienes clase hoy?
-Sí, pero no me apetece ir, además solo tengo una clase, luego llamaré a André o Andrea para que me dejen sus apuntes.
-Como quieras, voy a llamar a tu abuela para que no venga entonces.
-Claro.
Soraya sabía que su hija no estaba bien, se lo notó, es su hija y la conoce muy bien, pero prefirió no interrogarla, no quería agobiarla, sabía que tarde o temprano le contaría lo que estaba pasando.
-Mamá, no hace falta que vengas hoy, Irene se quedará con Nahuel.
-¿No tiene clases hoy?
-Sí, pero está algo cansada y no le apetece ir, así que ella cuidará del pequeño.
-Está bien, de todas formas me pasaré esta tarde.
-Claro. Solo era eso, hablamos mañana.
-Ire, ya llamé a tu abuela para que no venga.
-Vale, puedes ir tranquila, ya haré yo el desayuno.
-Y despierta a tu hermana, que no llegue tarde.
-Descuida, todo estará en orden.
Irene se quedó sola en casa con Paloma y Nahuel. Todavía era pronto para despertar a Paloma, así que decidió sentarse a ver la tele mientras pasaban las horas.
-Buenos días, ¿qué haces levantada a estas horas? Es muy temprano.
-No era capaz de dormir y no me apetecía estar en cama.
-¿Estás bien hija?
-Sí mamá, estoy bien- dijo con una sonrisa fingida- ¿Y papá?
-Ya se fue, tenía que faenar en el barco antes de salir.
-¿Me puedo quedar yo con Nahuel hoy?
-¿No tienes clase hoy?
-Sí, pero no me apetece ir, además solo tengo una clase, luego llamaré a André o Andrea para que me dejen sus apuntes.
-Como quieras, voy a llamar a tu abuela para que no venga entonces.
-Claro.
Soraya sabía que su hija no estaba bien, se lo notó, es su hija y la conoce muy bien, pero prefirió no interrogarla, no quería agobiarla, sabía que tarde o temprano le contaría lo que estaba pasando.
-Mamá, no hace falta que vengas hoy, Irene se quedará con Nahuel.
-¿No tiene clases hoy?
-Sí, pero está algo cansada y no le apetece ir, así que ella cuidará del pequeño.
-Está bien, de todas formas me pasaré esta tarde.
-Claro. Solo era eso, hablamos mañana.
-Ire, ya llamé a tu abuela para que no venga.
-Vale, puedes ir tranquila, ya haré yo el desayuno.
-Y despierta a tu hermana, que no llegue tarde.
-Descuida, todo estará en orden.
Irene se quedó sola en casa con Paloma y Nahuel. Todavía era pronto para despertar a Paloma, así que decidió sentarse a ver la tele mientras pasaban las horas.
Gonzalo acababa de llegar al Hospital Universitario Dexeus de Barcelona para conocer una segunda opinión acerca de su lesión. Estaba con su padre en la sala de espera y se le notaba un tanto tenso y nervioso.
-Tranquilo hijo, verás cómo nos recomienda bien.
-Prefiero no pensar en nada, que sea lo que Dios quiera que sea y ya.
-Te noto más raro que ayer, ¿te pasó algo?
-No, nada, solo que no pasé buena noche.
-¿Seguro que solo es eso?
-Sí, de verdad, solo es eso.
Se pasó la mañana en la clínica conociendo el diagnóstico y la opinión del doctor Cáceres. Era más de mediodía cuando salió del hospital. Para sorpresa de Gonzalo, no había ni un solo periodista a la salida del complejo hospitalario.
-¿Dónde están los periodistas?- preguntó Gonzalo extrañado.
-Ni idea, pero bueno, es mejor así, no te conviene toda esa multitud.
-Es cierto.
-Hijo, no desistas, serán cinco días muy largos, ya se verá lo que hacemos cuando pasen, igual y estás mejor dentro de cinco días.
-No lo sé, pero no parece que esto vaya a mejorar con ese tratamiento, algo me dice que no va a salir bien.
-Tienes que ser optimista, ten fe.
-Eso hago, papá, eso hago.
-Tranquilo hijo, verás cómo nos recomienda bien.
-Prefiero no pensar en nada, que sea lo que Dios quiera que sea y ya.
-Te noto más raro que ayer, ¿te pasó algo?
-No, nada, solo que no pasé buena noche.
-¿Seguro que solo es eso?
-Sí, de verdad, solo es eso.
Se pasó la mañana en la clínica conociendo el diagnóstico y la opinión del doctor Cáceres. Era más de mediodía cuando salió del hospital. Para sorpresa de Gonzalo, no había ni un solo periodista a la salida del complejo hospitalario.
-¿Dónde están los periodistas?- preguntó Gonzalo extrañado.
-Ni idea, pero bueno, es mejor así, no te conviene toda esa multitud.
-Es cierto.
-Hijo, no desistas, serán cinco días muy largos, ya se verá lo que hacemos cuando pasen, igual y estás mejor dentro de cinco días.
-No lo sé, pero no parece que esto vaya a mejorar con ese tratamiento, algo me dice que no va a salir bien.
-Tienes que ser optimista, ten fe.
-Eso hago, papá, eso hago.
-Paloma, venga, arriba, que es de día- dijo Irene entrando en la habitación abriendo despacio las cortinas del cuarto.
-¿Ya es de día?- preguntó Paloma con fastidio.
-Sí, ya es de día. Venga, que tienes el desayuno listo.
-¿Cómo así que te levantaste tan temprano? ¿Y mamá?
-Hoy no me apetece ir a clases, así que mamá ya se fue, yo me quedaré hoy con Nahuel.
-Que bien vivís los universitarios. No es justo.
-Algún día tú también podrás hacerlo. Venga.
-Ojalá que sí.
-Vamos, voy a despertar a Nahuel. Te espero abajo.
Irene salió de la habitación para ir a despertar a su hermano. Nahuel no acudía a un colegio como los demás niños de su edad, sino que recibía la visita de un tutor personal proporcionado por el centro escolar.
-Nahuel, ya es de día- dijo Irene sentándose en la cama al lado de su hermano.
-No me quiero levantar.
-Venga, no seas perezoso, que hoy me quedo yo contigo.
-¿En serio?- preguntó Nahuel levantándose de un salto.
-Veo que te hace mucha ilusión- dijo Irene abrazando a su hermano.
-Sí, mucho.
-Venga, que mamá te dejó aquí la ropa para que te vistas, vamos.
Nahuel salió de la cama y empezó a vestirse a toda prisa, mientras Irene lo observaba con atención. Sentía una gran admiración por su hermano, a pesar de la enfermedad no tenía nada que envidiar a ningún otro niño, es más, podría asegurar que era mucho más listo que los demás. En cuanto lo observaba también le vino a la mente Gonzalo, inevitablemente pensaba en él a cada segundo que podía. ¿Dónde estaría ahora?
-Ire, ¿estás bien?- dijo Nahuel interrumpiendo sus pensamientos.
-Sí, estoy bien, vamos a desayunar.
Los dos bajaron hasta la cocina donde ya estaba Paloma desayunando.
-Vaya rapidez.
-Es que hoy no me apetece estar más en cama, además me moría de hambre.
-Venga Nahuel, siéntate.
-Oye, Ire, ¿crees que Gonzalo habrá leído tu mensaje?
-No lo sé, y la verdad prefiero no pensar en eso.
-¿Qué Gonzalo es ese?- preguntó Nahuel.
-Higuaín.
-¿El futbolista?
-Sí, el futbolista.
-¿Y por qué le mandaste un mensaje?
-Porque se lesionó muy grave y quería darle ánimos.
-¿Se lesionó? Que mal…
-Sí, cariño, pero ya verás que pronto se pone bien y volverá a marcar muchos goles.
-¿Cómo antes?
-Claro que sí, como antes.
-Ojalá sea así- dijo Palo- Estas lesiones son de las que te marcan para siempre.
-Palo, Ire tiene razón, Higuaín volverá a marcar muchos goles porque es el mejor, ¿a que sí?
-Pues claro que sí, es el mejor de todos.
-Ahí estoy de acuerdo.
-¿Ha sido el timbre?- preguntó Irene levantándose.
-Sí, ¿quién será tan temprano?
-No lo sé, voy a ver.
Irene fue hasta la puerta para ver quien venía a verlos a estas horas.
-¿Ya es de día?- preguntó Paloma con fastidio.
-Sí, ya es de día. Venga, que tienes el desayuno listo.
-¿Cómo así que te levantaste tan temprano? ¿Y mamá?
-Hoy no me apetece ir a clases, así que mamá ya se fue, yo me quedaré hoy con Nahuel.
-Que bien vivís los universitarios. No es justo.
-Algún día tú también podrás hacerlo. Venga.
-Ojalá que sí.
-Vamos, voy a despertar a Nahuel. Te espero abajo.
Irene salió de la habitación para ir a despertar a su hermano. Nahuel no acudía a un colegio como los demás niños de su edad, sino que recibía la visita de un tutor personal proporcionado por el centro escolar.
-Nahuel, ya es de día- dijo Irene sentándose en la cama al lado de su hermano.
-No me quiero levantar.
-Venga, no seas perezoso, que hoy me quedo yo contigo.
-¿En serio?- preguntó Nahuel levantándose de un salto.
-Veo que te hace mucha ilusión- dijo Irene abrazando a su hermano.
-Sí, mucho.
-Venga, que mamá te dejó aquí la ropa para que te vistas, vamos.
Nahuel salió de la cama y empezó a vestirse a toda prisa, mientras Irene lo observaba con atención. Sentía una gran admiración por su hermano, a pesar de la enfermedad no tenía nada que envidiar a ningún otro niño, es más, podría asegurar que era mucho más listo que los demás. En cuanto lo observaba también le vino a la mente Gonzalo, inevitablemente pensaba en él a cada segundo que podía. ¿Dónde estaría ahora?
-Ire, ¿estás bien?- dijo Nahuel interrumpiendo sus pensamientos.
-Sí, estoy bien, vamos a desayunar.
Los dos bajaron hasta la cocina donde ya estaba Paloma desayunando.
-Vaya rapidez.
-Es que hoy no me apetece estar más en cama, además me moría de hambre.
-Venga Nahuel, siéntate.
-Oye, Ire, ¿crees que Gonzalo habrá leído tu mensaje?
-No lo sé, y la verdad prefiero no pensar en eso.
-¿Qué Gonzalo es ese?- preguntó Nahuel.
-Higuaín.
-¿El futbolista?
-Sí, el futbolista.
-¿Y por qué le mandaste un mensaje?
-Porque se lesionó muy grave y quería darle ánimos.
-¿Se lesionó? Que mal…
-Sí, cariño, pero ya verás que pronto se pone bien y volverá a marcar muchos goles.
-¿Cómo antes?
-Claro que sí, como antes.
-Ojalá sea así- dijo Palo- Estas lesiones son de las que te marcan para siempre.
-Palo, Ire tiene razón, Higuaín volverá a marcar muchos goles porque es el mejor, ¿a que sí?
-Pues claro que sí, es el mejor de todos.
-Ahí estoy de acuerdo.
-¿Ha sido el timbre?- preguntó Irene levantándose.
-Sí, ¿quién será tan temprano?
-No lo sé, voy a ver.
Irene fue hasta la puerta para ver quien venía a verlos a estas horas.
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